ICONOS: Pepe Aguilar, El Oficio del Tiempo, la Voz del Silencio y el Peso del Legado
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ICONOS: Pepe Aguilar, El Oficio del Tiempo, la Voz del Silencio y el Peso del Legado

Nuestra serie de Iconos honra a aquellos artistas excepcionales que habitan un territorio propio, sostenido por el talento, la disciplina y una devoción absoluta a su arte. Un icono no solo resiste el paso del tiempo: lo transforma, dejando su huella en el pulso cultural de una época y convirtiendo su obra en memoria colectiva.

Nuestro artista inaugural es Pepe Aguilar, una figura de poder generacional cuya voz ha cruzado décadas, escenarios y fronteras. Con 4 premios Grammy, 5 Latin Grammy y miles de millones de reproducciones en todo el mundo, su trayectoria habla por sí sola. Su legado se mide en permanencia: una presencia que sigue definiendo la música mexicana y reafirmando, con cada canción, su lugar como un verdadero ícono.

Conversar con él es asomarse a un mapa íntimo de la música mexicana: la disciplina detrás del escenario, la independencia como filosofía, la paternidad como espejo y la meditación como brújula. Pepe habla con la calma de quien entiende que el verdadero poder está en elegir dónde poner el tiempo y en no traicionar la verdad de una canción. En esta entrevista, el artista se revela como icono no solo por lo que ha hecho, sino por lo que representa: una forma de estar en el mundo con propósito, de mirar al futuro sin soltar las raíces, y de recordarnos que, cuando la música es auténtica, no envejece—se vuelve leyenda.

Pepe, tu apellido es sinónimo de historia en la música mexicana. ¿Cómo fue crecer con padres exitosos y famosos?

Para mí nunca fue algo raro ni extraordinario. Fue lo normal. Mis padres eran mis padres antes que artistas. Yo los veía como gente común. La diferencia era que, a donde iban, había multitudes: eran muy aclamados, muy queridos, y vivíamos viajando. Pero durante muchos años no fui realmente consciente de lo que eso significaba.


¿Y en qué momento sentiste el peso de convertirte tú mismo en un referente? Ese instante en el que pensaste: yo también quiero estar en el escenario.

Convertirse en referente es algo que nunca dejas de intentar. Pero el verdadero despertar llegó cuando me independicé de mis padres y comencé a hacer mis propios shows. Ahí entendí lo difícil que era lo que ellos habían logrado, lo complejo que era llegar a ese lugar y todo el camino que yo tendría que recorrer si aspiraba a algo similar.

Fue entonces cuando comprendí que esta carrera, si no tienes un oficio verdadero, si no deseas realmente decir algo con la música, no vale la pena. Pero justo en ese momento también entendí que la realidad de mis padres era la de ellos, y que yo tenía que forjar la mía. Ahí hice un trato con el destino: convertirme en quien soy.


¿Cómo fue ese trato contigo mismo?

Siempre me han motivado los retos. Las dificultades, los presagios negativos, los “no”. Para mí, un “no” es el mayor estímulo, y en esta carrera es la palabra que más escuchas. Eso ha sido —y sigue siendo— mi gasolina.

Desde el inicio hice cosas que no estaban planeadas ni eran parte de la norma: grabar de manera distinta, proponer una perspectiva que no se había cuestionado antes. Ese fue siempre mi motor.


¿Recuerdas la primera vez que sentiste que lo ibas a lograr como artista?

Curiosamente, eso ocurrió antes de volverme independiente. Cuando di ese paso, ya había tenido grandes éxitos. Lo que descubrí fue que no había tanta diferencia: en la compañía donde estaba tenía mucha libertad creativa. Decidía repertorios, producía, construía narrativas.

La independencia me dio la titularidad de mi obra, pero también más trabajo, más gasto y una curva de aprendizaje enorme. Nunca había sido empresario. Tuve que aprender esa parte desde cero. Hoy, después de más de 25 años, sigo aprendiendo. La independencia sigue siendo el reto más grande.


Mirando hacia atrás, ¿de qué canciones te sientes más orgulloso?

De las que nacieron con buena intención. De las que surgieron por necesidad emocional, porque si ese sentimiento se quedaba en el pecho, explotaba. No de aquellas hechas desde una agenda comercial.

Todos los artistas caemos en eso alguna vez: después de un gran éxito, queremos repetirlo. Pero las canciones que más orgullo me dan son las que no responden a esa lógica. Tienen oficio, dolor, profesionalismo, sí, pero sobre todo naturalidad. Son canciones hechas sin estrategia.


La música mexicana vive hoy una expansión global. ¿Cómo observas este fenómeno desde tu lugar en la industria?

Me ha tocado ver todos los cambios posibles: de los discos a los casetes, de los CDs al streaming y ahora a lo que venga después. No solo cambió el formato, cambió la forma de consumir, de competir, de entender la música.

La música mexicana actual no es tradicional, aunque venga de sangre mexicana. Tiene los mismos instrumentos, la misma garra, pero es una evolución. Puede gustarte o no, pero es la expresión natural de una cultura en este tiempo.

Y aun así, creo que la gente se aferrará más a sus raíces: al mariachi, a la banda, al norteño. Quizá no lideren playlists, pero son géneros sólidos, eternos. Para todo sale el sol.


En un mundo dominado por plataformas e inteligencia artificial, ¿qué viene para la industria musical?

Nadie lo sabe con certeza. Estamos ante un antes y un después que apenas comenzamos a notar. Hoy la mayoría de la gente no distingue entre una canción hecha por humanos y una hecha con inteligencia artificial.

Habrá una bonanza enorme, luego un estancamiento. Mucho sonará igual. Los artistas que sepan usar la IA y que realmente sean artistas se van a magnificar. Los que no, solo harán ruido.

Y eventualmente, regresaremos a lo esencial: una persona con una guitarra llenando un estadio. La gente se cansará de lo artificial.

Hablemos de silencio y madurez. ¿Qué te ha enseñado el tiempo?

El silencio y la pausa, cuando se practican con conciencia, son medicina. Son necesarios para reconectar contigo mismo.

De joven tienes cuerpo pero no sabiduría; de adulto tienes experiencia pero menos energía. El silencio me ha enseñado a elegir dónde poner mi tiempo. Lo aplico a todo: música, negocios, decisiones creativas.

La meditación no es un destino, es una práctica. Como el ejercicio. Si la abandonas, te debilitas.


¿Cómo cambió tu visión del legado al convertirte en padre?

Ser padre ha sido lo más complejo que he hecho en la vida. Te confronta con tus valores, tus carencias, tus errores. Educar con el ejemplo te obliga a crecer.

Entendí que mis hijos no me pertenecen. Los guías hasta dónde puedes y luego los sueltas. Y ese amor —el amor de padre— permanece intacto, lejos del ruido y de las expectativas.


Hoy, ¿qué temas te conmueven como creador?

Busco hacer música más profunda, con historia y verdad. Música que pueda escucharse dentro de 30 años. No persigo el hook inmediato.

Me inspiran historias reales: mis hijos, mis amigos, situaciones humanas universales. Si no hay verdad, prefiero hacer una pieza instrumental.


¿Cómo mantienes la autenticidad cuando todos observan?

Simple: no estoy pendiente del ruido. Estoy concentrado en mejorar como persona y como creador. No es una estrategia; es natural.

No quiere decir que no sea importante tomar en cuenta estas situaciones y actuar y hablar lo que uno tenga que hablar. Por supuesto. Pero sí quiere decir que no estoy ahí. Estoy donde tengo que estar: viendo qué canción me inspira, verdaderamente clavado en qué sigue para mí como persona. No como estratega del hate o del chisme.

Lo que me importa es mejorarme. Y estoy seguro que todo lo que pase después de hacer una canción mejor o una versión mejor de mí, esa consecuencia es la que me importa.


¿Qué consejo darías a los nuevos artistas que buscan trascender?

No hay fórmulas, no hay magia. Si hubiera fórmulas, habría muchos más artistas con la misma realidad. Yo creo que es de individuos, como todo. Si tienes pasión por lo que te gusta, verdadera pasión, y eres lo suficientemente honesto contigo mismo para decir “sí tengo algo especial que ofrecer al mundo, sí puedo inspirar a un millón”… eso es lo que te hace perdurar: no traicionarte, hacerte la mejor versión de ti.

Si verdaderamente eres un artista, lo quieres hacer por muchos años. Enfócate en mejorar tu voz, tus skills tecnológicos, literarios… lo que sea. Para durar 30 o 40 años tienes que tener método.


¿Te sientes responsable de guiar a nuevas generaciones, incluso a tus hijos en sus propias carreras?

100%, si quieren. En esta vida es “si quieres”. Y también qué tanto les puede servir. En mi caso sí, porque estoy muy vigente. Pero la experiencia no es garantía: los mundos cambian muy rápido. Y si no traduces esa experiencia al tiempo que vivimos, a lo mejor hasta te estorba.


Desde tu perspectiva, ¿qué define a un icono?

La capacidad de trascender año tras año, de mantenerte, reinventarte, haber hecho canciones que mueven a generaciones, que marcan épocas. Gente que aporte y deje una huella imborrable.

Yo no estoy ahí todavía. Espero que en los 15 o 20 años —si Dios me presta vida— que me faltan para llegar a edades como en las que murió Don Vicente Fernández, en las que murió mi padre, gente a la que llaman iconos… quizá tenga la suerte de hacer algo para poder llamarme de esa manera. Pero por el momento, nada más he sido alguien que ha perseverado, que ha hecho lo que ha querido de acuerdo a su gusto y que ha sido apreciado por la crítica y la gente. Pero de eso a ser icono… muy lejos todavía.


¿Qué sigue para ti?

Muchísima música. Tengo listo un disco de canciones inéditas, variado: música que produje y arreglé, que no necesariamente es con mariachi. Hay algunas con mariachi, mucha fusión, norteño, alguna que otra con fusión de banda. Es un disco de puras canciones inéditas.

Muy probablemente saque la segunda versión de “Mi suerte es ser mexicano”. Me encantó lo que quedó y a la gente le resultó muy bueno; fue nominado al Grammy, etc.

También tenemos preparado el del Hollywood Bowl, que grabamos con la familia. Ese es un disco muy padre. Hay gira. Tengo que ir a promoción en Europa y en Sudamérica. Entonces es un año ya lleno, hermano. Hay mucho trabajo, y gracias a Dios: un trabajo que me gusta, que me enorgullece, y muchos retos bonitos.


Para cerrar: ¿cómo te gustaría que se recordara tu voz?

Mi mensaje es que todo se puede, si realmente te lo propones, tienes con qué y eres real. No se trata de compararte ni de buscar cosas que no estén a tu alcance, sino hacer lo mejor que puedas con lo que eres, llegar a lo más alto con eso.

Entrevista y texto por Ricardo Diaz

Fotografia: Ricardo Diaz
Estilista: Bo Roses
Maquillador: David Velasquez

Asistentes de producción: Emiliano Perez Soto, Randy Ramirez

Director Creativo y Ejecutivo: Brian Calle

Director Digital: Ricardo Diaz