
Durante más de dos décadas, Pieter Henket ha construido una carrera que existe en la intersección entre la fotografía de moda, el arte contemporáneo y la narrativa visual. Aunque su trabajo lo ha llevado a fotografiar a algunas de las figuras más reconocibles de la cultura popular, desde Lady Gaga hasta Travis Scott, sus proyectos más ambiciosos suelen desarrollarse mucho más allá del universo de las celebridades. Ya sea documentando tradiciones orales en la selva del Congo o colaborando con comunidades queer en Ciudad de México, su práctica está impulsada por el deseo de utilizar la fotografía como una herramienta de preservación y conexión humana.
Su más reciente proyecto, Birds of Mexico City, es el resultado de casi cinco años de trabajo colaborativo junto a artistas, escritores, performers y activistas queer de México. El libro reúne retratos, poesía, historias personales y narrativas visuales para celebrar a una generación que explora la identidad, la expresión personal y el sentido de comunidad bajo sus propios términos. En conversación con PAPER Español, Peter reflexiona sobre su inesperado camino hacia la fotografía, las lecciones que ha aprendido a través de proyectos de inmersión a largo plazo y las razones por las que crear oportunidades para otros sigue siendo el eje central de todo lo que hace.

¿Cómo comenzó tu relación con la fotografía?
Originalmente quería ser cineasta. Desde niño hacía pequeñas películas usando a mis amigos como actores. Cuando me mudé a Nueva York para estudiar cine, vi por casualidad el rodaje de una película en la calle: Robert De Niro, Philip Seymour Hoffman y el director Joel Schumacher trabajando en Flawless. Ver esa producción me hizo enamorarme de los sets.
La fotografía surgió a partir de eso. Empecé creando invitaciones para fiestas de amigos, construyendo escenas teatrales inspiradas en la pintura y la iluminación holandesa. Esas imágenes eventualmente llevaron a que el equipo de Lady Gaga descubriera mi trabajo, lo que terminó convirtiéndose en una de las oportunidades más importantes de mi carrera.
¿Cómo cambió tu carrera la sesión con Lady Gaga?
Me cambió la vida por completo. Me contrataron para hacer sus fotografías de prensa y una de esas imágenes terminó reemplazando la portada del álbum que ya habían fotografiado. De repente, esa foto estaba en todas partes: en Times Square, en revistas y, eventualmente, en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York.
Antes de eso, fotografiaba amigos y cobraba 50 dólares por retratos en mi apartamento. De pronto, mi trabajo estaba en museos. Fue lo que me abrió las puertas al mundo del arte y me llevó a ser representado por galerías como fotógrafo de bellas artes.
¿En qué momento tu trabajo pasó de la fotografía de celebridades a proyectos artísticos y sociales de mayor escala?
Siempre me ha encantado el trabajo comercial y fotografiar celebridades, pero mi verdadera pasión ha sido crear proyectos que eleven y beneficien a las comunidades. Me di cuenta de que podía utilizar la visibilidad que obtenía a través de personas famosas para dirigir la atención hacia historias que normalmente pasan desapercibidas.
Mi primer gran proyecto de arte fue Stars to the Sun, un libro sobre el carnaval brasileño en Argentina. Después llegó Congo Tales, que se convirtió en un punto de inflexión en mi carrera.

¿Qué inspiró Congo Tales?
Una organización me invitó a visitar escuelas en la selva del Congo para explorar cómo la fotografía podía ayudar a visibilizar comunidades ignoradas durante décadas. Allí aprendí que muchas personas mayores habían fallecido durante los brotes de ébola y que con ellas se estaban perdiendo generaciones enteras de mitos, cuentos y tradiciones orales.
Me fascinó la idea de preservar esas historias visualmente. En lugar de imponer mi propia narrativa, invité a los miembros de la comunidad a contar sus propios relatos y a convertirse en los protagonistas de esas historias dentro de las fotografías.
El proyecto terminó convirtiéndose en un libro superventas, apareció en la portada de The New York Times y recorrió el mundo como exposición.
¿Cómo nació Birds of Mexico City?
Durante la primera administración de Trump me frustraba escuchar constantemente comentarios negativos sobre la juventud y especialmente sobre la Generación Z. Sin embargo, a través de mi trabajo conocía a jóvenes queer increíblemente creativos, inteligentes y expresivos.
Primero comencé una serie llamada Birds in New York. Más adelante pensé en Ciudad de México. Siempre he sentido un enorme amor por México, su cultura y su gente. Lo que me impresionó fue que muchas personas queer y trans allí enfrentan desafíos muy distintos a los de Nueva York. Vivir auténticamente requiere una enorme valentía.
Quise crear un proyecto que celebrara precisamente esa resiliencia y esa libertad.
¿Por qué elegiste el título Birds of Mexico City?
Los pájaros son frágiles, pero también increíblemente resistentes. Pueden sobrevivir en condiciones difíciles y aun así seguir siendo hermosos y libres.
Sentí que eran la metáfora perfecta para las personas que estaba fotografiando. El proyecto terminó siendo una celebración de quienes permanecen fieles a sí mismos pese a todas las presiones sociales.

¿Cómo abordaste la responsabilidad de contar historias que no eran tuyas?
Era muy consciente de que esta no era mi historia para contar. Trabajé junto al estilista y diseñador de vestuario Chino Castilla y colaboré estrechamente con creativos queer de Ciudad de México.
En lugar de imponer una visión, les pedí que compartieran sus propias historias, referencias culturales y experiencias personales. Mi papel fue simplemente crear un espacio para que ellos mismos se representaran.
La colaboración se convirtió en el corazón del proyecto.
¿Hubo algún momento en el que supiste que el proyecto estaba funcionando?
Sí. El primer día fotografié a una mujer llamada Ixel Pas usando una máscara de lucha libre. Había algo en esa imagen que inmediatamente sentí como icónico.
Todos mis grandes proyectos tienen una o dos fotografías que me producen esa sensación instantánea. Cuando tomé esa foto pensé: Todavía lo tengo. Todavía puedo crear imágenes que me emocionen. Ese momento me ayudó a superar una etapa de inseguridad creativa.
El proyecto tomó varios años. ¿Por qué fue un proceso tan largo?
Porque queríamos hacerlo bien. La fotografía era solo una parte. Trabajamos con la poeta Renata Juárez, quien ayudó a los participantes a desarrollar textos y poemas para el libro. Algunos ya escribían; otros descubrieron la poesía durante el proceso.
Después, Justin Gaspar llegó como editor y escritor. Él tomó todas esas piezas: fotografías, poemas, historias, y les dio una estructura narrativa sólida. Desde el inicio hasta la publicación, el proyecto tomó aproximadamente cinco años.

¿Por qué decidiste trabajar en blanco y negro?
Ciudad de México ya es increíblemente colorida. La arquitectura, las calles y la cultura visual están llenas de color.
Quería que la atención estuviera completamente en las personas y en sus historias. Al eliminar el color, pude enfatizar las emociones, las expresiones y la presencia de cada sujeto. La ciudad sigue presente, pero vive a través de ellos.
La colaboración parece ser fundamental en tu trabajo. ¿Por qué?
Porque la colaboración lo es todo. Cuando tenía 19 años, Joel Schumacher me invitó a estar en un set de filmación y me trató como si perteneciera allí. Me dijo que alguien había hecho lo mismo por él cuando era joven y que los artistas establecidos tienen la responsabilidad de ayudar a la siguiente generación.
He llevado esa lección conmigo toda la vida. Una de las cosas que más disfruto es crear oportunidades para jóvenes creativos y ayudarlos a sentirse parte de algo importante.
¿Qué opinas del impacto de las redes sociales en los artistas jóvenes?
Creo que es muy difícil. Cuando yo estaba empezando podía experimentar en privado. Podía crear trabajos terribles, aprender de ellos y seguir adelante. Nadie tenía que ver todos mis errores.
Hoy los jóvenes sienten la presión de compartirlo todo inmediatamente y someterlo al juicio público. Eso hace que experimentar sea mucho más complicado. Gran parte del crecimiento artístico ocurre en privado, antes de que el mundo vea el resultado.
¿Trabajar en Birds of Mexico City te enseñó algo sobre tu propia identidad?
Muchísimo. Me ayudó a sentirme más cómodo con mi identidad como hombre gay. Durante años llamé a mi esposo “mi pareja” porque me incomodaba decir “mi esposo”. Con el tiempo entendí que eso venía de condicionamientos culturales.
Este proyecto me permitió apreciar formas de expresión queer —especialmente la feminidad— que mi generación muchas veces aprendió a rechazar. Descubrí una enorme fuerza, belleza y poder en esas expresiones.
Amplié mi comprensión de la comunidad queer y de mí mismo.

¿Por qué prefieres proyectos de inmersión a largo plazo en lugar de trabajos editoriales rápidos?
Porque quiero crear obras que permanezcan. Cada día se toman miles de millones de fotografías. No me interesa contribuir al ruido. Me interesa crear proyectos que eleven comunidades, preserven historias y cambien la forma en que las personas ven el mundo.
Si puedo ayudar a alguien a sentirse visto o lograr que otros entiendan una comunidad de manera diferente, eso significa más para mí que cualquier retrato de celebridad.
¿Cómo decides cuál será tu próximo proyecto?
Sigo mi curiosidad y aquellas historias donde siento que puedo aportar algo significativo. Con el tiempo mis proyectos se han vuelto más serios, pero eso es una evolución natural. Elijo temas que realmente me importan y donde la fotografía puede cumplir una función más profunda que simplemente producir imágenes bellas.
¿En qué estás trabajando ahora?
Actualmente estoy desarrollando un proyecto con bailarines contemporáneos y de ballet ucranianos que fueron desplazados por la guerra.
El proyecto explora la resiliencia, el desplazamiento, el amor y la supervivencia a través de grandes composiciones fotográficas y piezas de video. Reunimos a bailarines de toda Europa y pasamos meses desarrollando el trabajo de manera colaborativa.
Ahora estoy trabajando con museos e instituciones para definir cómo se presentará públicamente. Es el siguiente capítulo de mi interés por la narrativa, la comunidad y la resiliencia humana.

Fotos cortesia de Damiani Books
